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Jutba 8: El corazón

05 May Jutba 8: El corazón

El musulmán debe tratar de corregir, limpiar, purificar y curar su corazón. Esto es así porque el corazón es el fundamento de la corrección de los miembros del cuerpo, de los estados interiores y de las actuaciones. Un corazón sano es la causa de la felicidad en este mundo y en el otro.

 

Dijo el Profeta (sobre él la bendición y la paz): “En el cuerpo hay un órgano que, si está sano, está sano todo el cuerpo, y si está corrompido, lo está también todo el cuerpo. Ese órgano es el corazón”.

 

El corazón es el rey de los miembros del cuerpo, y estos son su ejército. Si el rey es puro, el ejército también lo será, y si no lo es, su ejército tampoco lo será. El buen estado del cuerpo depende del buen estado del corazón.

 

Una de las cosas que corrigen el estado del corazón es el combate interior contra el alma egoica. Dice Dios, Exaltado sea: “A aquellos que combaten por Nosotros les mostramos nuestros caminos. Dios está con los que hacen el bien”.

 

Y dijo el Profeta (sobre él la Bendición y la Paz): “Os diré quien es el creyente. El creyente es aquel a quien las gentes confían sus bienes y sus vidas, el musulmán es aquel de cuya lengua y de cuya mano están a salvo los hombres, el combatiente es quien combate a su alma egoica en la obediencia a Dios, y el emigrante es quien abandona las faltas y los pecados”.

 

Vigilar y cuestionar al alma egoica es prueba de la existencia de un intelecto en perfecto estado, y por el contrario, abandonarla a ella misma, es prueba de ignorancia y de estupidez. Dijo el Profeta (sobre él la Bendición y la Paz): “El inteligente es aquel que rebaja su alma egoica y actúa para después de la muerte, y el necio es aquel que sigue a su alma egoica en sus pasiones”.

 

De entre las cosas que purifican el corazón está la compañía de los santos, pues la compañía influye en aquel a quien acompaña. Dijo Dhu-l-Nûn al-Misrî: “Frecuenta la compañía de aquel cuya visión te haga recordar a Dios, que su estado de reverencia se deposite en tu interior, que amplíe el ámbito de tus obras, alguien con cuyas obras puedes abstenerte del mundo, alguien que, mientras permaneces en su proximidad, no desobedezcas a Dios, que te aconseje por medio de sus actos, y no por medio de palabras.

 

Lo más útil que Dios puede proporcionar al musulmán es un corazón libre de enfermedades y de defectos. Los cuidados de las enfermedades del cuerpo terminan con la muerte, pero las enfermedades del corazón comienzan tras la muerte. El musulmán debe ocuparse de sanar su corazón del shirk, de la ostentación (riyâ’), del orgullo (kibr), de la envidia (hasad), de la soberbia (‘uyb) , de seguir las pasiones y de la dureza. Una de las señales de la dureza del corazón es no verse afectado por la sesiones de dhikr o por la recitación del Corán. Dijo ‘Abd Allah ibn Mas’ud: “Busca tu corazón en tres situaciones: escuchando el Corán, en las sesiones de dhikr, en los momentos de retiro espiritual (jalwa). Y si no lo encuentras en esos lugares, pídele a Dios que te de un corazón, pues no tienes corazón.

 

Le pedimos a Dios que nos haga la fe algo amable, que la adorne en nuestros corazones, que nos haga odiar la incredulidad, la corrupción y la desobediencia, y que nos haga de los bien guiados por Su Gracia.

 

 

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